Modernidad enfermiza
Sin duda, uno de los problemas significativos del ensayo contemporáneo en México es su actualidad: ¿qué tanto las divagaciones en él contenidas tienen o no vinculación directa con el presente?; o bien, ¿qué tanto en el pasado y futuro ayudan al lector a enfrentar con certeza el tiempo presente? Ese es un problema ciertísimo de acción y presente; en otras palabras, de trascendencia.
Pero déjese de lado, por ahora, sin resolver ese problema y mejor reflexiónese sobre qué tanto las tesis que desarrolla Franco Berardi (Bifo), sociólogo italiano en su libro La fábrica de la infelicidad (Traficante de Sueños, España 2003) pueden hoy aterrizar en la realidad contemporánea del país, suponiendo que, como escribe Berardi (y esta es sólo una de las varias tesis, trágicas todas, de su libro), “el proceso de producción globalizado tiende a convertirse en un proceso de producción de mente por medio de la mente. Su producto específico y esencial son los estados mentales […] Tal proceso no se da sin una auténtica mutación antropológica que en primer lugar afecta al psiquismo social e individual […] El hardware de los organismos bioconscientes está en fase de mutación, de rediseño acelerado.” Y eso conduce, de entrada, a una pregunta esencial: ¿qué tanto la construcción de los mundos felices a los cuales, por medio de la tecnología y el consumo, da vida el capitalismo contemporáneo (ni postmodernidad, ni modernidad líquida, ni neoliberalismo, sólo capitalismo puro) son instrumentos ideológicos diseñados para enajenar la conciencia de toda la población que habita las sociedades contemporáneas, y que genera problemas de enfermedad generalizados?
Vivir en sociedades enfermas y, sobre todo, que tienden (inconscientemente, quizá) cada vez más hacia la enfermedad, en verdad pinta un futuro muy poco alentador para sociedades como la nuestra.
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